Buenas a todo el mundo....
Hoy, por fin he conocido a una desconocida. Si, a la vera de un par de cañas he estado hablando con una mujer con la que alguna vez había cruzado como mucho cinco o seis palabras. Pero hoy ha sido distinto. No sé si han sido las cañas, el lugar donde estábamos, o el buen rollito que hay entre nosotros, pero nos hemos reído un montón, la verdad, he de reconocer que he estado a gusto a su lado.
Pero mejor, voy a poneros en antecedentes.
Erase una vez que se era, un remoto pueblecito de las tierras de León, donde habitaban gentes de todas clases en paz y armonía (tampoco os vayáis a pensar que ese lugar era Jauja, pues como todo buen pueblo sus rifirrafes tenía y tiene). En ese pueblecito habitaba una desconocida para mi (a la que llamare mi desconocida) y de la cual pocas cosas sabia. A pesar de no saber mucho de ella y de que nuestras conversaciones eran cortas, creo que ambos disfrutábamos de nuestra compañía, pero un día ella se fue (como la madre de Marco, para los de la generación del setenta y tantos). Y nada volvió a ser igual. El verano fue discurriendo y todos los días eran iguales, bueno con perdón del lector voy a corregirme, todos los días estaban cortados por el mismo patrón. En resumen, todo se volvió gris.
Cierto día a esta pequeña pantalla que me sirve de ventana al mundo entero, me mostró que ella había vuelto y se encontraba más cerca de mí de lo que me podía imaginar. Y casualidades de la vida, cierta mañana, sin quererlo ni buscarlo, fui a aparcar el coche a pocos metros de donde ella estaba, sorprendiéndose ambos dos de aquel encuentro casual.
Menuda put*da que me hizo el destino. Tiempo había pasado, y ese mismo tiempo me había hecho olvidarla, y de repente allí estaba. De frente a mí con su sonrisa, su pelo negro y sus ojos marrones. Helada se quedó mi sangre al verla allí delante y tan cerca de mí. Tal fue la sorpresa que apenas pude balbucear unos pocos sonidos hasta que por fin salí de mi estado de estremecimiento. Cruzamos unas palabras, y quedamos para vernos y tomar algo.
Pasaron los días, y este destino que rige nuestras vidas, una vez tras otra me impedía llamarla. Siempre algo se interponía, y otra vez el inexorable tiempo se cernía sobre mí cual niebla que abraza a las nubes cuando entra tierra adentro desde el mar.Hasta que al final logré sacar un ratín y llamarla, y rápidamente quedamos para ir a tomar algo. Fue una hora y media que parecieron apenas veinte minutos. Hora y media donde nos reímos un montón, donde nos dimos cuenta de que somos muy parecidos, donde estuvimos muy a gusto y sin esos incómodos silencios que ciertas veces nos rondan. Hora y media donde para mí no existió otra cosa que ella.
Y ahora os estaréis preguntando ¿Y por qué no tomas cartas en el asunto? Pues muy sencillo, porque ella y yo somos de mundos distintos. Es como si ambos fuéramos cuerpos celestes y nuestras vidas solo pudieran juntarse algunos momentos en la inmensidad del universo y en la inmensidad del tiempo que lo rige.
Sé que ella está aquí ahora, pero también sé que en cualquier momento eso cambiará y volverá a irse. Es por ello.
Bueno, pues ahora que ya lo he soltado, continuaré con mi vida y con mis momentos, y contaré lo que necesite sacar de esta mi alma atormentada.
Nos vemos en los bares…
Yo




